Perfiles: Marlene Obando,Metamorfosis.

Hola soy Marlene Obando, Llanerita 100%. 

Allá, entre los límites del Guaviare y el Meta, nací hace algunos años, rodeada del calor humano característico de estas tierras.

Tengo muchos recuerdo lindos de mi niñez, en esos llanos inmensos corriendo detrás de las terneras, enlazandolas, trepando a los árboles, la vida era solo juego para mí. Fueron tiempos muy bonitos.
Recuerdo que de niña quería una muñeca, de esas que cuando se acostaban cerraban los ojos, en el pueblo solo vendían las de los ojos pintados, entonces mi mamá me la mandó a traer del puerto de Buenaventura. 

Desde niña mi pasión fue la moda.

Creo que mi papá me puso ese sello, él  quería que llegará una niña a su familia y solo nacían varones. Cuando mi madre estaba embarazada de mí, llevo una máquina de coser de cinco puntadas y dijo: como esta vez si es la niña, le traigo la máquina de coser para que le haga la ropa. Esa máquina todavía existe en mi casa.

Vivíamos en una vereda y, para salir a Puerto Concordia, (Un pueblo tan pequeñito que ni siquiera existía en el mapa de Colombia. Fue después de los años noventa con la oleada de violencia que vivió nuestra patria, que apareció en el mapa), lo hacíamos en canoa; nuestro medio de transporte  por excelencia era en una canoa hecha de madera. 

Ser Canoero es un oficio duro.Ellos(los canoeros) se internan en  la selva, tumban un árbol grande, lo tallan  hasta darle la forma y luego  le instalan el motor.
Allí, a una hora de distancia navegando sobre los ríos Ariari y Guaviare, nos instalamos la familia en pleno para asistir a las actividades religiosas y para ver otros rostros en el pueblo. Ese era el único medio de transporte, y de supervivencia. La mayor parte de nuestra alimentación  era del rio.

Los domingos se salía al pueblo a mirar gente diferente, porque en semana siempre se veía lo mismo.
Cualquier día mi papá decidido que para los hijos ya no había más estudio, los retiró de la escuela y se los llevó a trabajar con el. Para mí por supuesto que no había posibilidades, porque “las mujeres para que estudiar”, yo estudié con ellos hasta segundo de primaria.


Tenía nueve años y el más alto ideal de moda al que podía alcanzar era la modista del pueblo, era mi referente.

Mi mamá tenia de amiga a la modista de Puerto Concordia y juntas asistían a la misma iglesia, un domingo “Perla del Otún»- así se llamaba la modista- le dijo a mi mamá: la niña tan grande y sin estudiar, déjamela  yo la pongo a estudiar y, usted cada  fin de semana la ve.  Yo feliz porque a mí me encanta estudiar. Allí me quedé, recuerdo que solo llevaba el vestido de salir los domingos puesto.  En ese tiempo no pensaba que existían pasarelas, ni modas, ni nada, pero yo estaba preocupada pensando ¿con qué ropa iba a ir a estudiar? si  solo tenía el vestido «dominguero» puesto y nada más.

Así,como un hada madrina de un cuento.

Sucedió que al día siguiente la modista me dijo: Marlene, báñese que nos vamos para la escuela. En el baño solo pensaba que me iba a poner el mismo vestido del dia anterior. Y, !Oh sorpresa! cuando salí me encontré un vestido hermoso que ella me había hecho.  Al parecer se quedó toda la noche cosiendo; me había confeccionado dos vestidos sin haberme tomado ni una sola medida.  Esos vestidos los amé, hasta me tocaba ponerme un top por debajo de lo transparentes que se volvieron de tanto usarlos. 
Viviendo con la modista me quedé hasta que terminé la primaria en la Concentración escolar Puerto Concordia.


Ella me inspiró, era como toda una duquesa y enseñaba mucho de glamour. “Mery del Otún”, nunca supe su apellido, cosía por horas y horas, yo la miraba embelesada. No perdía un solo detalle de sus movimientos, cuando llegaban las clientas, como las atendía, como tomaba medidas,como trazaba y cortaba. Ella era una señora muy elegante, se vestía muy bien, como toda una doncella, y sabía mucho de moda. Era mi admiración; sobre todo porque  a mi mamá nunca la vi arreglándose frente a un espejo, siempre en la cocina, trabajando, limpiando 
Yo estaba acostumbrada a los juegos de niños, a brincar con mis hermanos, a jugar con trompos con balones, con tierra , con carros. Mery del Otún salía y me veía jugando y, se escandalizaba, me entraba, me decía: esos no son modales de niña, una niña está en la casa aprendiendo a bordar, a coser, a mantener su ropa limpia. 

Y Los domingos a la Iglesia, a encontrarme con la familia y a  cantar tocando las maracas.Mi papá cuando salía al pueblo me visitaba y me daba un billete de 500 pesos para toda la semana,  yo era inmensamente feliz.

Recuerdo que para esa época llegó el auge de los zancos de madera al pueblo.

Me las ingenié para hacerme mis zancos. Solo eran los niños quienes montaban, para las niñas eso era prohibido socialmente. A mi no me importaba mucho, salía y me gozaba los zancos al escondido de mi cuidadora, hasta que me descubrió; entonces ella cogió mis sancos los partió y los metió al fuego, argumentando que eso no era para niñas, que !como se me ocurría que una señorita iba a estar por ahí encaramada en unos zancos! Y me dijo: si es que está muy desocupada y tiene mucha energía para gastar, venga yo le doy oficio, venga le enseño a coger rueditos; y ella en esa lucha de enseñarme «modales».

Claro que como a mí me gustaba la modistería, pues lo hacía con alegría. Me entretenía mirandola, aunque  no me dejaba tocar las máquinas, imagino porque yo era muy pequeña. 
Un día le pedí  a Mery del Otún, que me regalará un retazo para yo hacer un vestido,  ella me regaló una seda china, si quiere le ayudo- me dijo –    yo lo hago sola-respondí. 
Y empecé a medirme como veía que lo hacía ella con las clientas, y a trazar, a cortar… pues vaya que ese vestido me quedo bonito. Recuerdo que era de talle bajo, con escote corazón y de tiritas. La modista toda sorprendida  me dijo: está muy bien, pero las damas no muestran los hombros (Siempre con eso prejuicios). ¿Que hacemos? -me dice- yo le respondí: regálame otro pedazo de tela, entonces hice un chaleco, manga bombacha. Mi vestido era color mostaza, con chaleco blanco y ese fue mi regalo de cumpleaños número diez.

Hasta que mi papá  se compró una casa en el pueblo y de nuevo fui a vivir con la familia. Fue un cambio total, mis hermanos y yo ingresamos a estudiar juntos, ellos pendientes de mí, sobre todo uno que  tiene un alma maternal; yo metía al baño, cuando salía ya tenía el uniforme planchado, el desayuno hecho, me peinaba, me cuidaba.

A mí nunca me asignaban nada para hacer en casa, mis tres hermanos se encargaban de todo, en tanto que yo si hacía algo era porque quería; entonces me quedaba todo el tiempo para mí, para mi creatividad. Recuerdo que a los 10 años me hice una falda de «diseño auténtico» y fui motivo de inspiración, y muchas mujeres en el pueblo replicaron la falda.

Llegó el momento del asombro

Se fue incrementando la violencia en el país y se tornó muy complicado el orden público, llegaban personas armadas a las casas, la orden perentoria era que todos los jóvenes tenían que “reclutarse” a la fuerza. Mi papá muy asustado pensando en mis hermanos y en mí,en lo peligroso que era que me raptaran, me mando a Santa Fe de Bogotá, a la casa de unos  amigos. Eso fue para mí como volver a nacer.
Para la época y según las costumbres de mi pueblo, yo tenía  un novio con planes de matrimonio. La verdad yo si quería tener novio, pero no casarme, tenía trece años.
Y llegué a Bogotá, un mundo lleno de sueños y colores diferentes. En Puerto Concordia, solo había un televisor en la tienda y veíamos de lejos las noticias y alguna telenovela de turno, hasta que lo apagaran. Fue llegar a una casa donde el televisor estaba disponible las 24 horas. A las chicas de esa casa les encantaba la moda, ver las pasarelas, y los canales de Moda europea. Por supuesto que yo sabía que existía Europa, porque en la escuela nos hablaban de ella, pero desconocía ese mundo mágico de la moda.

Es imaginarse como a los trece años, apenas empecé a descubrir el mundo.

Las pasarelas europeas son muy extravagantes, de mucho espectáculo, en ese mes que estuve  en Bogotá mi mente cambio. Regresé sin ganas de novio, y con el alma llena de sueños. 
Pensé en todo el mundo que había para  explorar, entendí que casarme era marcar un límite para mis sueños. Entonces me replantee la vida, y a partir de allí decidí que mi mundo sería la Moda.

De día trabajamos y de noche estudiabamos.

Seguiamos como familia  trabajando y luchando por sobrevivir; hasta que mi papá vendió la tierrita, compró casa en Bogotá, y emigramos a la ciudad capital.
Tenía catorce años cuando llegamos a Bogotá. Caminando con mis hermanos las calles para conocer la ciudad, cualquier día no encontramos con un letrero que decía: «Se necesitan operarios», allí, conocimos,uno de mis hermanos y yo la vida laboral en una empresa de confecciones. De día trabajamos y de noche validamos el bachillerato.
Fue mejorando la economía familiar, mi papá muy poco nos visitaba. Cumplí mis quince años,  me hice una mujer grande.

A los diecinueve años,  conocí a quien es  mi esposo  y el padre de mis hijos; Vivimos tiempos hermosos, nació mi Hija Nicole, luego llegó Víctor Manuel.

En Bogotá  mi esposo y yo fuimos  guardas de seguridad, entre otras muchas cosas. Luego emigramos a Armenia, allí conseguimos un espacio pequeño y montamos una tienda de Víveres, siempre  «rebuscando» la vida de una y otra manera. Fui voceadora de prensa. Madrugaba a vender mis periódicos y luego a confeccionar en dos máquinas que teníamos , esa fuerza llanera en mi sangre me impulsaba a seguir adelante.

Pero como las historias se repiten, me llego la hora de vivir lo que un día vivo mi madre. Yo que siempre fui testiga de su dolor, de su sometimiento. Una mujer que se atendió los partos sola, que luchó por sus hijos pese al desprecio de su esposo, del abandono, de los malos tratos, hasta que un día logró su independencia.

Y bueno, me llego la hora de luchar sola. Empecé a estudiar en el SENA Diseño de Modas, en el año 2010, era jornada todo el día, mi esposo en la tienda con los dos niños. Pese a que yo madrugaba para dejar mucho adelantado y poder ir a estudiar, ya era «la mujer mala» que no atendía al marido porque ya no estaba en la casa. Se llegó el día en que él se cansó de eso y me puso a elegir:  el marido o el estudio?  Elegí el estudiar.

Él se fue a vivir a Medellín. En la casa de mis suegros me siguieron apoyando con el cuidado de los niños. Yo seguí estudiando.  La tienda fue de mal en peor, hasta quebrarse, tuve que ir a vivir a la casa de mis suegros, la situación económica empeoró.

Me tocaba caminar hasta el SENA dos horas de ida, dos de regreso. EL SENA es gratis, si; pero te toca rebuscarse la comida, los pasajes, los materiales de trabajo.Estudiaba con miles de dificultades, desde no tener cómo imprimir un trabajo, hasta no tener pasajes ni comida. Pero tuve la buena voluntad de mis compañeros y de los docentes. 
Hasta que alguien me contó que el SENA  prestaba  bicicletas y daba un  aporte económico a  sus estudiantes. Eso me facilitó mucho la vida,  con el dinero  le daba comida mis hijos, e iba y venía en bicicleta a estudiar cada dia.  Yo sufrí, también me gocé cada minuto de mi formación académica. Armamos grupos de estudio, participaba en concursos de diseño, el SENA, me abrió las bodegas de insumos para mis materiales de trabajo.

Mi esposo hizo vida en Medellin,  y muy poco nos visitaba, cuando  lo hacía era solo para criticar mi estética y mi forma de ser, se deleitaba en  despreciarme, yo me sentía morir de dolor. Aguantaba todos esos desprecios, los desplantes en silencio. Era la época  en que debía presentar  mi proyecto de grado, tenía que concentrarme en ello. Me fui a Bogotá con los niños, mi familia materna fue  mi apoyo.
En mi  trabajo  descargue mi rabia, mi tristeza, mis frustraciones; me inspire en la segunda guerra mundial y en Hitler -no en su lado de maldad- si en la determinación y la fuerza que mostró para lograr lo que soñó.  Me decía: tengo que tener esa fuerza, esa determinación.

Y, a Armenia, a presentar mi proyecto. Eran los ires y venires de la vida con los niños, el tener que viajar constantemente de Bogotá a Armenia, la economía a resolver cada día.  Después de tantas luchas nunca logre graduarme. Me quede con los saberes, con la experiencia, con las amigas;  se que ante una necesidad, puedo acudir a ellas.

Pasaron los años y  reanude mi relacion con mi esposo y,  aterrice en Medellín. Busque trabajo cerca a la casa y al colegio de mis hijos,  arranque de nuevo, en el barrio Castilla con dos hijos.

La problemática social es muy fuerte en esta ciudad; hay lugares donde se incrementa más y castilla es uno de ellos. Buscábamos como familia  maneras para progresar, para mejorar la economía, entonces  compramos  dos  maquinas de confeccion e inicie un taller en mi casa. 

Un día cualquiera alguien me habló del corregimiento San Cristóbal.
Me enamore de este territorio, fue un amor a primera vista. Acá nos quedamos y nació mi hijo Isaac.

                                                     Nace metamorfosis 

Desde la necesidad de cambio, de transformación. 
Creo que Metamorfosis nació desde que me quede en el pueblo con la modista, allí inició mi transformación.
Siempre trabaje en otras cosa, pero regresaba a mis sueños, esos que alimente desde niña.

Estudiando en el  SENA, nos pidieron crear nuestra marca, yo quería un nombre que me definiera, estaba en  un momento de mi vida de caos familiar, del dolor. Fue entonces cuando me encontré con las diferentes clases de mariposas, sus colores, sus transformaciones. La  metamorfosis de las mariposas, eso es lo que quiero para mi vida- dije-.


Me apasioné Metamorfosis, dado que mi vida es eso, una constante transformación, es ese avanzar y retroceder. Metamorfosis es esa fuerza que me impulsa a seguir.

Gracias hermosa dama por compartirnos tu historia, por seguir creyendo en la posibilidad de un mundo mejor. Con amor: Elena L.

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