Historias, María. Medellín-Colombia

Oriunda del barrio Caycedo la toma, por allá, por la curva del diablo o la estrechura que llaman, cerca al puente «la Toma» creció María,  escuchando tangos de Gardel y arrabales de Darío Gómez.


Abre generosa las puertas de su humilde vivienda y me invita a pasar.

“!Adelante, siga, esto no es un palacio, pero es mi casita y estoy feliz; es que dígame, pasar de un rancho con piso de tierra y techo de lata, a esto!”

-¿Y cómo esta señorita?  -pregunta-

-Con dolor de cabeza-respondo-

Pastillas?¿quiere una? ¡Ah es que yo soy rica en pastillas! viera toda las que me da la EPS.

-Mire para allá, me dice señalando un punto de la sala. ¿Si la ve?,  ¿A quién?  – pregunto- “A la virgen Desata- nudos” desata qué? No la conozco. Primera vez que me la presentan.

-“Desata-nudos, si viera la cantidad que me ha desbaratado” responde.

En una vieja lata que antes contuviera atún, hay una velita de esas que no poseen mucho abolengo encendida, alumbrando una imagen de la virgen Desata-nudos.

-Milagros es los que me ha hecho ella…de oro la vestiría yo. El único milagro que no me hace es el de hacer aparecer mi hijo que se fue para la costa atlántica y nunca regreso. Cuenta dona María con rostro melancólico.

Se quedá pensativa, me mira fijamente y continúa…

Todo esto que tengo nos lo regalaron, dice orgullosa doña Maria, señalando trastos y trebejos , muebles rotos , mesas cojas , camas  sin colchón etc. Entretanto que se arrebuja en una silla tapizada con cuerina que otrora fuera azul. ¿Qué le parece? ¿Dónde se había visto que un pobre se siente en una silla? – más que preguntas son exclamaciones de doña María.

Su cara irradia una ternura que no ha borrado la vida con sus ires y venires, ríe con tanta dulzura, como para derretir corazones; camina con dificultad por el desnivelado piso de cemento, apoyada en su bastón. Reparte abrazos y echa bendiciones a diestra y siniestra.

Va deshilachando historias que a sus ochenta y tantos años, creeríamos que son muchas. Que si los hijos, los vivos, los que ya se murieron …” almas benditas que mis palabras no los ofendan”, que si las hijas, las que nuca tuvo. Los nietos que nunca regresaron, Porque dicen que está loca.  “pero dígame, usted si me entiende? ¿O le estoy hablando en Ingles?” pregunta un poco enfadada. Si doña, si le entiendo. Usted no habla inglés, pierda cuidado.

Ocultamente esos ojos, fue la canción que Por allá en los años cincuenta ,  le dedico su novio «Reinaldo» , a quien quiso y nunca olvida -me dice- Pero como es la vida  se quedó con el que amaba  a otras y a ella solo le dejo hijos y penas, malos tratos y los bolsillos vacíos.

“Llegaba a la casa con los bolsillos al revés y a molerme a golpes” Y por qué no escogió a «Reinaldo» ? Por qué se casó con él otro ? -pregunto- !No. si yo nunca me case!- manifiesta satisfecha- «¿Luego me resulta “un buen partido” y que hago? No puedo, si soy casada. Una no sabe quién puede aparecer… En cambio así es más fácil…Pero como lo que no conviene a la casa viene, me obligo con amenazas a vivir  con él, Así, como en las novelas.»

«¡Me quede sufriendo hasta que se fue con otra…con otra? No, con muchas!»

Así, Marías, hay tantas en los rincones de nuestra bella  ciudad, progresista y emergente.

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