Perfiles: Bernarda González Gaviria

«Eran los tiempos cuando el agua corría por tuberías de barro o  por acequias de guadua.»

Mi nombre es Bernarda González Gaviria, nací en la loma de «los González» hace 73 años. Mi casita quedaba en la parte alta lindando con «el Tesoro».

En el Archivo Histórico de Antioquia, reza que: el apellido González es oriundo de España y, que los amos les daban su apellido a los esclavos, uno de eso esclavos libertos fue mi bisabuelo, quien se aposento en esta ladera, su primer oficio fue la arriería.crecí, en una familia donde predominaba  dicho apellido.

Una vez que planeación municipal empieza adjudicar las primeras escrituras, (que eran de posesión) entonces se llamó  a nuestro terruño: Loma de Los González, en otros cambios de nomenclatura, planeación opto por llamarnos «Barrio Los Naranjos,» (por la finca de los naranjos, de Carlos Echavarría) sector Loma de los González.

Allí, corriendo entre árboles de pomas y naranjos, jadeando sus montañas y serpenteando quebradas, transcurria la infancia.

Estudiábamos en la escuela Carlos Echavarría, eso era «un pasito» para la época, hoy en día sería lejísimos, porque los muchachos de ahora no caminan.
Subíamos por el lado de la Finca de Guillermo Echavarría en la mañana, cogíamos pomas, mangos y naranjas,  y los escondiamos entre los árboles; en las horas de la tarde sacábamos la venta al parque  y con el dinero recogido arrimábamos a una tienda que fue muy tradicional, la de la abuelita de los Vasco, «Doña» la llamaban.  Allí comprábamos «tres centavos de coco y dos de velita» o los bananitos murrapos y, nos regresábamos por «Alejandría».

Otro paso obligado era sobre la quebrada la Aguacatala, donde se formaban unos charcos inmensos, eran nuestra piscina natural.

Cuando terminábamos cuarto de primaria pasábamos a hacer «la maestría» en la escuela la Aguacatala, allá nos enseñaban a sembrar maíz, yuca y a «desyerbar».

Con los inicios de  la parroquia  se  vieron los cambios en la comunidad y surgío las necesidad de juntarnos para ayudar a construir la iglesia. Cargamos piedra de la quebrada la Volcana, para echar sus cimientos.

Salíamos a recoger donaciones para el altar de San Isidro, fue la época en que las persona decían: yo regalo esta biflora que esta tan bonita , o la gallina, e incluso nos donaban terneros. Llegamos a tener un centro de acopio, una proveeduría de alimentos en la parroquia, donde venían los señores a mercar para sus familias compuestas por diez, doce y hasta catorce hijos;  se les daba
de encima ” un gajo de guineos, o  una ahuyama, cidras o plátanos, por ejemplo.

Era común en los barrios los convites o las mingas, mi papá nos decía: vamos a  ayudar al compadre “fulanito” que está empezando pisar el terreno para hacer la casa, y bueno íbamos todos a colaborar, nacen así los Centros Cívicos en el barrio. En 1959  se firma la primera ley de acción comunal, desaparece el centro cívico y aparecen las juntas; Yo tenía 13 años cuando empezó a funcionar la primera Junta de Acción Comunal, fui presidenta de las mismas, la  primera vez en 1973.

El acueducto, fue el primer trabajo que se hizo a nivel comunitario, en ese tiempo el agua corría por tuberías de barro, por acequias de guadua.
Con apoyo de Alfonso Ochoa Moreno, (quien era ingeniero ambiental de la secretaria de salud pública) nos dieron la primera concesión del agua en 1992. El año pasado nos dieron concesión del área metropolitana, por diez años más.Otro de los proyectos fue construir los caminos que antes eran de herradura.
Nosotros ayudamos hacer el charco del Parque Norte -de allá traíamos el material de playa-. nos donaban el cemento y trabajábamos en convite, recuerdo que la secretaría de obras públicas nos prestaba las volquetas para los acarreos.
El transporte era un asunto muy complejo, la terminal de los buses quedaba abajo en «la Cachucha», donde está ahora «Vizcaya», muchos teníamos que subir con el mercado al hombro.

¿Y la salud? 

El centro de salud era solo para los niños, los adultos que no tenían Seguro Social, tenían que buscar médicos particulares, como fueron el doctor Molina o el doctor Restrepo de Envigado.
Entonces nos dimos a la tarea desde las juntas de acción comunal, de luchar por tener el centro de salud con amplios servicios,  se construyó frente a la Clínica Santa Ana.
De a poco y con esfuerzo conjunto fuimos trayendo el progreso a esta nuestra famosa loma de «Los Gonzalez».

El minúsculo espacio que existe entre encontrar a Doña Bernarda en el atrio de la Iglesia la Visitación, vendiendo cirios pascuales, y escucharla narrar historias, es comparado a viajar en el tiempo.Cierras los ojos y voilá: estás en medio de verdes praderas bañadas por las quebradas «La Aguacatala» y «La Volcana», de fincas llenas de árboles de mangos, pomas y especialmente naranjos.Gracias hermosa dama por abrirnos tu  inacabado cofre de recuerdos.

Aquí se tejen historias, se bordan sueños, se remiendan ilusiones y se anudan esperanzas. Con Amor: Elena L

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