Perfiles: Marleny Ramírez Buitrago.

Mi nombre es Marleny Ramírez Buitrago, oriunda de  Buga,Valle del Cauca.

Mi niñez transcurrió en Trujillo, Valle.

Lo que recuerdo de esos años es muy poco y  doloroso. Mis padres sufrieron toda esa carga emocional y social de haberse casado perteneciendo a dos partidos políticos diferentes, hecho que terminó luego en tragedia, con el asesinato de mi padre delante de los ojos de su esposa e hijas. Mi padre murió en 1956 en la violencia bipartidista que asoló a nuestro país; cuando mataban a las personas por ser Liberales o Conservadores. Yo tenía para el momento un año de vida.

Mi familia se compone de cuatro mujeres y un hombre. el único hombre de la familia, un ser humano maravilloso, a quien amamos mucho.

Cumplí quince años me fuí a vivir con mi pareja. Yo habia estudiado la educación básica primaria, luego terminé mi bachillerato a su lado. Fue una unión muy linda. Tuvimos cinco hijos. Trascurrieron los años y por cosas del destino nos separamos .Tenía entonces treinta y dos años, habia que seguir adelante, seguí cultivando la tierra.

Me fuí a vivir a Buga,vereda Alaska .

Pasados algunos calendarios, llegó la Reforma Agraria a La Florida Valle, y nos adjudicaron tierra de labranza. Entonces nos fuimos a vivir en una parcelación. Allá junto a otros Líderes campesinos y cultivadores creamos todo un sistema de autoabastecimiento.

Cada parcela tenía diferentes cultivos, haciamos Los famosos  convites o mingas para el arado, Todas las parcelas producían diferente; yo por ejemplo cultivaba frutales, tomate de árbol, granadilla y mora. Luego de hacer el trueque lo que sobraba lo llevábamos a vender a Buga.

Un día…

cualquiera día, llegaron los paramilitares y nos desplazaron. Fue un desplazamiento masivo. La tierrita que dejamos eran Unidades Agrícolas Familiares. Es la dura vida del campesino colombiano, que siempre esta rodeado de violencia, es su paisaje, su estado natural.

La masacres de Alaska y el Placer.

Nos dieron un ultimátum, Teniamos tres opciones: “ Se van y dejan las tierras, se unen a nosotros o se mueren” . Esas eran las alternativas, entonces dijimos: Nos vamos.

Eran más o menos las cinco de la mañana. Ya rayaba el amanecer, y con la ropa que teníamos puesta salimos a esperar al carro que recogía la leche.

El carro subía con todas las tinajas de leche, recuerdo que el conductor era “ Don Pedro ” . Yo, pertenecía a la Junta de Acción Comunal, era reconocida en el lugar. Me le acerqué y le dije: Don Pedro, Bajamos toda esa leche, Necesitamos salir de acá y nos vamos en este carro.

Entre todos descargamos las tinajas y subimos al pequeñisimo camión. Allí, alrededor de treinta y siete personas, apiñadas y tembaldo de miedo nos dimos a la huída. El casco municipal estaba a dos horas, las que a mi se me hicieron diez.

Llegamos a la Alcaldía ,

-Señor alcalde acá estamos ayudenos.En la alcaldía estaba el director de Deportes quien nos dijo: váyanse para el Coliseo.

Salimos de huida dejando nuestros cultivos y nuestra tierra, y nos acondicionamos a vivir un año en un coliseo. Allí, empecé a coordinar  el modo de vivir de tantas familas en ese hacinamiento tan extremo. Era un asunto de cómo conseguir toldos, abrigo, comida;  una situación muy difícil,  yo tenía conmigo tres de mis cinco hijos. Era caótico.

Llevabamos seis meses de estar allí refugiados, cuando llegó un panfleto de amenaza, y… mataron al portero del coliseo. La fiscalía me sacó del lugar y me informó que mi familia toda estaba amenazada.  Entre en un programa de protección del estado colombiano;  me ofrecieron sacarme del país, yo nunca quise dejar mi patria, Aquí esta todo lo que amo. La tierra.

He sido campesina toda la vida y nuestra vida se hacía entre cultivos, y nos tocó dejar nuestras tierras. Ya nada es igual, de estar cultivando a pasar a buscar cómo sobrevivir.

Y me vine para Medellín en 1999.

Cuando empezó el programa Madres Comunitarias en Colombia, en 1989, me vinculé a ello, tenía entonces treinta y dos años. Trabajaba la tierra y era madre comunitaria al mismo tiempo. Le enseñaba a los niños y niñas, a tener amor y a cuidar de la tierra, a cultivar. Además que éramos campesinos, nos reconocíamos como tal.

Yo era del sindicato de Madres Comunitarias y tenía una amiga, ella me dijo: vengase para Medellín y aquí trabaja.

Llegué a Medellín a vivir en una unidad cerrada. Me sentía muy triste, sin ver el campo, la tierra. Yo no quería seguir encerrada, y empecé a conocer los corregimientos de Medellín. Santa Elena, San Antonio de Prado, Hasta que llegamos a San Cristóbal. Recuerdo que iniciamos el ascenso por Doña María, la antigua vía. Sentí que me trasportaba a mi tierrita; los mismos paisajes, el aire, el clima todo me recordaba mi pueblo. Quiero vivir aquí, dije, y, me quedé.

Acá hicé mi segunda vida.

Nos ubicamos con mis hijos en una pequeña casita por Barrio Nuevo, pero allí no me sentía a gusto, me fui a caminar cada día buscando algo diferente. Recuerdo que el “Señor Rodolfito ” , me alquiló un garaje. Quería tener nuevamente mi Hogar Comunitario. Llamé a Bienestar Familiar y, me aceptaron la propuesta de empezar en ese pequeño lugar, a condición de que buscara una casa más grande.

Yo seguía en la busqueda de un lugar mejor.

Hasta que encontré una casa en  la Vereda Travesías, y nos trasladamos. A la par  inicié mi trabajo comunal y de liderazgo, ya de eso hace veinte años.

Empecé a caminar mi labor social, con la oposición de mis hijos. Pero el que nace para líder así penda de un hilo, siempre lo hace. Rehíce mi tejido social, me nombraron secretaria de acción comunal. En el 2013 renuncié a Asocumunal, luego ingresé al Presupuesto Participativo de la Alcadía de Medellín.

Llevo trabajando como madre comunitaria muchos años, lo que he aprendido  es gracias a mi trabajo en primera infancia. Puedo decir que soy feliz siendo Madre  Comunitaria. Pienso que el buen trato para la infancia es vital, la niñez debe de ser feliz completamente.

Cuando alguien sufre alguna tragedia la siento como tan mía

Me ha tocado ver negligencia abandono, maltrato. El mismo estado hace parte de esa tragedia humana. Pienso que si uno solo de los padres ganára buen salario, no tendrían que salir los dos al rebusque y dejar sus hijos a la merced de las drogas y el peligro. En el gremio de las Madres Comunitarias, dialogamos mucho sobre estas problemáticas.

En Colombia no hay programas de gobierno que realmente beneficien a las madres.Las madres de los niños las niñas que diario quedan a mi cuidado, unas bordan, otras venden medias, dulces, Eso en el dia. Muchas trabajan aún de noche y, mientras ellas están en el rebusque los niños están en peligro inminente. Entonces vivimos tragedias como la que acabamos de ver.

NO QUEREMOS TANTOS ANGELITOS EN EL CIELO, QUEREMOS ÁNGELES PROSPEROS Y FELICES EN LA TIERRA..

 Sindy era una niña extrovertida con la tristeza de que tiene unos padres muy pobres, siempre en el rebusque del día a día.

Que tenémos ?

Familias numerosas sin una verdadera educación, el estado nuca tiene programas de educación para decidir si tener hijos o no. con el agravante del machismo tan arraigado en las familias.

Yo atiendo 13 niños y niñas diariamente, cada un@ con su cada unada

Cada niño o niña es un mundo diferente al otro. Tienen una familia y lo que reflejan es el estado económico, social y moral de la misma, se comportan de acuerdo a lo que los adultos les brindan.

Nuestro deber como sociedad sería entender que los niños y niñas deben recibir, amor, seguridad, una educación integral, una buena alimentación, y es que ni eso les garantizamos, algo tan básico. Bien sabemos que salen en la tarde del Hogar Comunitario y llegan al día  siguiente con el último alimento que comieron en el Jardín, pidiendo desesperadamente alimentos y, Bienestar Familiar es de minutas concisas, raciones verdaderamente mínimas. La minuta es estandarizada y, no se piensa en por ejemplo si al niño se le riega la sopa o su bebida ? Puede pasar, de hecho es lo más recuente, son pequeños. Entonces como familia nos unimos y aportamos el faltante,Hemos creado un equipo de ayuda como familia y cada quien cumple una función.; sin pensar en nada más que en la felicidad de los pequeños.

La rutina

Me levanto a las cuatro de la mañana ,y las seis y media ya tengo listo todo para cuando lleguen los pequeños dedicarles todo el tiempo a ellos solamente. Todo el tiempo los mantengo ocupados. Nosotras- las madres comunitarias- trabajamos con Unidades Rectoras, ahora por ejemplo trabajamos el cuidado del Medio Ambiente.

Pienso que la felicidad es algo que no podemos darnos el lujo de perder. Que estamos en esta vida para brindar amor  al mundo que nos rodea. Haciendo eso tan básico estamos haciendo algo por el bienestar de nuestra sociedad.

Ahora tengo un compañero, él es campesino y cultiva la tierra. Es irme acercando un poco a una de mis pasiones; Cultivar la tierra.

Gracias Hermosa dama por hilo a hilo tejer esta historia que nos impulsan a bordar nuevas ilusiones de cada día ver un mundo mejor.

Con Amor: Elena L.

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